La amistad: un lugar para el descanso

Yasmin y yo

La belleza es eso “BELLEZA” y es mi mejor amiga. ¿No es increíble?

Vidas platónicas (El Pais Semanal. 21-Julio.2013)

Rodrigo Leão | As Ilhas dos Açores Enya – (1991) Shepherd Moons – 11 Afer Ventus
Davy Spillane – Caoineadh Cu Chulainn Uilleann Pipes Carlos Núnez (Mar Adentro)
Victor Manuel y Pablo Milanes. Solo Pienso en ti La belleza -Luís Eduardo Aute
Tracy Chapman Crossroads Thomas Newman. Whisper of a thrill (Meet Joe Black Soundtrack)
Liquid Mind Jean-Michel Jarre – Equinoxe Part 1
Amelie Soundtrack – Yann Tiersen Memorias de África
Turandot – G. Puccini Mahler Symphony No. 8
Capercaillie – “Rann Na Mona”  Capercaillie – Dr. Macphail’s Reel
Supertramp – A breakfast in America ACDC (Hells Bells)
Dire Straits  A Little Chaos
 Trance – Here It Comes

Marillion – Misplaced Childhood

 HÆLOS – Live on KEXP

Pink Floyd – Another Brick in The Wall

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La Monarquía

Hoy casi nadie pone en duda la legitimidad que la instauración de la Democracia en España le otorgó a su majestad el Rey D. Juan Carlos I, lo que ha sabido gestionar adecuadamente a lo largo de estos años. Sin embargo, esto no quita para que plantee varias cuestiones que son criticables en esta Institución y que pondrían en entredicho su legitimidad en el futuro:

1) No llego a entender por qué sigue siendo casi imposible ver u oir una crítica a la Monarquía en los medios de comunicación. Creo que la crítica constructiva a la Monarquía debería ser algo totalmente aceptado y se le debería quitar trascendencia, siempre que se mantengan los criterios de respeto y cortesía. Y creo que debería ser la propia Monarquía la que lo facilitara e impulsara. La autocrítica da siempre mayor crédito a cualquier Institución.

2) Relacionado con el punto anterior, la falta de transparecia es otro de los puntos a destacar. Transparencia en cuanto a su actividad, a sus cuentas y austeridad y a su responsabilidad ante la Justicia. Por desgracia en este caso no sólo afecta a la Monarquía sino a otras muchas Instituciones “democráticas” españolas, pero en su caso se respira una mayor senación de “tema tabú”. Esto es evidente cada vez que alguien lo pone sobre la mesa.

3) El acceso a un cargo público por mera herencia familiar debería ser considerado como anacrónico en pleno siglo XXI. Llámese Monarquía o República, me da lo mismo, el cargo de Rey o en su caso Presidente debería ser elegido por sufragio universal, sobre todo si ese cargo dice representar a todo un pueblo. Es muy probable que si nuestro Rey, o el príncipe, se presentaran hoy a unas elecciones ganarían por mayoría aplastante, pero en este caso tendrían toda la legitimidad y nadie podría ponerlo en discusión.

4) A esta discusión podríamos añadir la opinión perfectamente respetable de un gran número de personas en Cataluña o en el Pais Vasco, donde la Monarquía representa algo más que un cargo institucional. Sin embargo, este aspecto me gustaría dejarlo para otra ocasión ya que está demasiado viciado por los partidos políticos.

Aceptemos que hemos tenido bastante suerte con nuestra Monarquía pero ¿y si no la hubiéramos tenido? ¿Y si no la tuviéramos en el futuro?

Aunque los acontecimientos fueron finalmente diferentes, según las opiniones aquí expuestas en aquel momento, nos podríamos haber equivocado.

Franco es un ejemplo para mi, Juan Carlos I Rey de España

Junio-2011

En cualquier caso, situaciones no tan lejanas en el tiempo, como la expuesta en este reportaje de Canal 4 implicando al futuro heredero, no ayudan en nada a esta figura institucional. No hay derecho a zanjar una conversación con una argumento como “lo que buscabas era tu minuto de gloria”, sobre todo viniendo de una persona que los busca a diario.

El príncipe Felipe debate con Laura Pérez (31 de Mayo de 2011)

LA PROTAGONISTA DE “EL MINUTO DE GLORIA” CONTESTA AL PRÍNCIPE

4-Enero-2013

No entiendo cómo pretendían mejorar su imagen con esta entrevista en RTVE (Con Jesús Hermida el 4 de enero de 2013) después de casi 40 años de reinado y 12 sin conceder una:

1) de escasos 22 minutos,

2) presentada por Julio Somoano, que había dado una imagen muy desvirtuada del periodismo durante su paso previo por Telemadrid,

3) y realizada por el periodista Jesús Hermida, gran admirador y amigo de la Monarquía y, desde luego, muy alejado de la nueva generación española.

Recuerdo aquel programa maravilloso “Tengo una pregunta para usted”, al que tuvieron que someterse algunos políticos. ¿Por qué no el Rey? ¿Miedo, aislamiento, descortesía, elitismo? ¡Allá ellos!

27-Noviembre-2013

Canal + Francia emite el documental: Juan Carlos, el crepúsculo de un rey. Aunque siguen intentando proteger a la Monarquía dentro de España, haciéndola opaca a sus ciudadanos, resulta cada vez más difícil ocultárselo al mundo, convirtiéndose en un elemento más de la “Marca España”.

14-Diciembre-2013

Entrevista a la Infanta Elena en El Mundo: “Es el momento de mirar adelante con decisión”. ¡Viven tan aislados de los ciudadanos! En una auténtica burbuja. O en un Búnker, según se mire.

4-Enero-2014

La Casa del Rey pide cerrar ya la instrucción del caso Nóos, un “martirio” y entrevista al jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, en RTVE… ¿dónde si no?

En este comunicado la Casa Real demuestra muy poca delicadeza y respeto por el resto de los ciudadanos. ¿O es que la Justicia es lenta sólo en los casos que les afectan a ellos? Demuestran que desconocen lo que sufren los ciudadanos a diario cuando entran en los Juzgados. Al menos a ellos se les da un trato especial, al menos no son un número de expediente más acumulado en las pilas de documentos amontadas en sus pasillos.

30-Marzo-2014

‘Para Suárez estaba claro que el alma del 23-F era el Rey’

De la relación entre Adolfo Suárez y el Rey, entre un demócrata ¿y un…? ¡Qué daño hace el ocultismo y el falseamiento de la Historia!

7-Diciembre-2015

Así es el lujoso día a día del rey emérito Juan Carlos

No es de recibo que sigan disfrutando con nuestro dinero de una vida de lujo mientras la situación de gran parte de los ciudadanos a los que dicen representar es de pobreza.

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De la “Realidad virtual” en la que viven algunos privilegiados a la “REALIDAD” de muchas personas

Yo creo que sobran mis torpes palabras frente a comparativas como éstas. Juzguen ustedes mismos, por favor.

Realidad virtual de la élite privilegiada

El presidente del Supremo lamenta viajar en turista porque no da buena imagen

El Obispado de Ciudad Real desahucia de su piso a una familia por impago

(especial atención al minuto 3:24)

66 67 13

(Pawla Kuczynskiego)

La realidad diaria de muchas personas

“Soy un estorbo para la sociedad”

Atentos al testimonio estremecedor de esta madre a cuyo hijo le llevó por delante la “crisis”. A partir del minuto 50 de este podcast 11-1-2013. Programa de radio Hablar por Hablar de la Cadena Ser.

Que aprendan otros del obispo de Lleida, Joan Piris

 

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¿Cómo podríamos aunar esfuerzos en el 15M?

Hace ya bastante tiempo publiqué en mi blog una serie de cuestiones que pensaba que tendrían que ser consideradas por el 15M como importantes a la hora de luchar por ellas. Era una lista demasiado larga para mi gusto pero pretendía ser una especie de resumen de numerosas cuestiones que se discutían de manera recurrente en la calle. El título era “¡Por una Democracia del ciudadano!”. Sin embargo, todavía hoy, sigue siendo muy discutido si el 15M debería o no concentrarse en unas pocas reivindicaciones, más o menos concretas, que hermanaran todas las sensibilidades en vez de dispersarse en innumerables reclamaciones que, aunque justas y razonables la mayoría de ellas, pueden dividir al movimiento, confundir a la población y dispersar esfuerzos colectivos.

En un intento de aportar posibles soluciones me gustaría hacer una propuesta en este blog que creo que podría ser de ayuda para todos nosotros. Antes de nada tengo que dejar claro que la propuesta parte de la base de que, de momento, al menos inicialmente (nos guste o no), dependemos de la política y de nuestros representantes para llevar a cabo los cambios que demandamos. Por otra parte, creo que todos estaremos de acuerdo en que la principal lacra de nuestra Sociedad actual es que carecemos de un sistema democrático real, del y para el ciudadano, que nos permitiría hacer los cambios que “TODOS” nosotros necesitamos, y no sólo los que interesan a unos pocos privilegiados, que incluso en muchos casos lo que buscan es justo lo contrario, el inmovilismo. Por lo tanto, hasta que no consigamos cambiar la Democracia y hacerla nuestra de verdad no vamos a poder obligar a cambiar otros muchos aspectos como la Justicia, la Dignidad, la Solidaridad, etc.

Por todo ello, y sólo como un punto de partida para posibles cambios más profundos en el futuro, creo que sería imprescindible restringir todas nuestras demandas en este sentido para conseguir, antes que cualquier otra demanda, que nuestros representantes no puedan hacer todo lo que les de la gana, desoyendo a los ciudadanos para escuchar exclusivamente a los poderes económicos. En pocas palabras: ¡qué nos dejen de tomar el pelo! Esta demanda permitiría clarificar las ideas que se tienen de lo que persigue y representa el 15M, sería respetada y apoyada por la inmensa mayoría de la población y permitiría concentrar nuestros esfuerzos de una manera más eficiente. De esta manera paso a enumerar unos pocos puntos que creo que serán esenciales para llegar a conseguir una “Democracia Real”:

i.          Democracia representativa social

  1. Cambio de la Ley Electoral. Discusión sobre circunscripciones, sustitución de la Ley D’Hondt por el Matlec, valoración de la abstención y de los votos en blanco y modificación del requisito de petición de avales. La valoración de listas abiertas y cerradas, aunque necesaria, no es lo más prioritario. Creo que estos 4 artículos de “Rux” en Ready for Tomorrow podrían servir de referencia:

El sistema electoral en España y la exclusión de las minorías

El secuestro político de la Soberanía Popular

La otra barrera electoral

Igualdad, también de voto

  1. Promoción de una Constitución más flexible, más fácil de corregir, cambiar y adaptar a los nuevos tiempos. Cualquier modificación tendría que ser aprobada por Referéndum.
  2. Los cargos públicos deberán ser elegidos siempre por los ciudadanos: es necesario un cambio de la figura de la Monarquía, anacrónica y elitista.
  3. Referéndum para la elección de la mitad de los miembros del Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Consejo de Estado. Igualmente para la elección del Defensor del Pueblo, el Fiscal General del Estado y para la concesión de las licencias a los medios de comunicación.
  4. No más campañas electorales como las actuales, reduciéndolas casi exclusivamente a debates obligatorios en los medios de comunicación, dando oportunidades a formaciones minoritarias en las mismas condiciones que los partidos mayoritarios. Uso de la Redes Sociales. Reducción de gastos innecesarios en campañas electorales y, por tanto, de la dependencia de los partidos de los poderes económicos.
  5. No más cuotas publicitarias y en medios de comunicación en función de la representación obtenida.
  6. Cualquier decisión de calado que se tome en el Gobierno que vaya en contra o no estuviese incluida en su programa electoral deberá ser aprobada por Referéndum.
  7. Reforma o supresión del Senado.
  8. Se deberían reservar unos escaños (10-20) en las Cortes Generales para que sean usados directamente por los ciudadanos, mediante voto electrónico.
  9. Aprobación por Referéndum de una Ley de Transparencia que permita el acceso del ciudadano a una información veraz de las Administraciones Públicas para el control de todas las Instituciones y de sus cargos públicos, sin excepciones.
  10. Cualquier sospecha de corrupción, tanto la que proporcione beneficios personales como la que aporte prebendas al partido, debería obligar automáticamente al implicado a dejar su puesto de responsabilidad hasta que todo quedase aclarado. Erradicación de la inmunidad de los políticos y cargos representativos ante la Justicia. Este tipo de delitos no deberían prescribir judicialmente.
  11. Promoción y acceso al voto electrónico desde los hogares, como medio para participar rápida y fácilmente, de manera directa, en la elaboración y aprobación de leyes y normas.

ii.          Democracia en los partidos políticos. En este caso me gustaría remitiros a un blog previo que publiqué hace tiempo y que hace referencia exclusiva a este aspecto relacionado. Lo titulé “Decálogo de un partido diferente”. El problema que se plantea es que resulta difícil cambiar un sistema democrático basado en los partidos políticos si estos son los primeros que carecen de dicha cualidad. A modo de resumen, paso a resaltar los puntos más importantes relacionados con el tema de este blog de ahora:

  1. El programa electoral debería ser elaborado con la participación y aportación de todos los ciudadanos que lo desearan, aunque la aprobación de la versión definitiva sería responsabilidad de los miembros del partido para asegurar el respeto a sus bases y a su ideología.
  2. Cualquier ciudadano debería poder postularse como candidato sin más exigencias que respetar, asumir y defender expresamente la ideología, estatutos y programa electoral consensuado del partido. Deberían tener derecho a acceder a todos los medios de difusión disponibles para que su mensaje y propuestas lleguen a todas las bases.
  3. La selección de los candidatos y el orden ocupado en las listas electorales debería ser votado directamente por las bases y no a través de representantes regionales. El voto electrónico, personal e transferible, así lo permite y se debería tender a incorporarlo al sistema de votaciones.
  4. Sería recomendable promover la limitación a dos ó tres legislaturas del acceso a cualquier puesto de representación, incluido el de diputado o senador. Esto sin duda favorecería el recambio de ideas e ilusiones en el parlamento y empujaría la democracia interna en los partidos. Los candidatos con experiencia podrían seguir ayudando perfectamente desde el partido a los noveles, si realmente su interés fuese sólo el de ayudar a defender unas ideas y un proyecto, y no el de acceder a cuotas de poder.
  5. Si se consiguen representantes en las Instituciones, estos no deberían dejar nunca de estar en contacto con los ciudadanos. Debería ser obligatorio informar públicamente y de manera periódica sobre su actividad política diaria. Además deberían dedicar un tiempo a estar en contacto directo, personalmente y no a través de intermediarios, con los electores, leyendo sugerencias, críticas, a través de las redes sociales o mediante reuniones.

Es difícil establecer qué es lo que habría que priorizar: si el cambio de nuestra Democracia en primer lugar, lo que promovería el cambio interno en los partido políticos; o empezar por democratizar la estructura interna de los mismos para facilitar la construcción de una Democracia representativa real. Pienso que ambos aspectos deberían viajar en paralelo pero reconozco que no tengo un criterio claro al respecto. Espero que al menos estas reflexiones sean de alguna utilidad.

Un soñador

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Mi historia como “perroflauta”

Has estudiado mucho para poder tener una formación profesional y cultural que te permita defenderte en la vida. Has trabajado duro para llegar a tener un empleo donde te pagan suficientemente por hacer una labor que te gusta, donde puedes realizarte como profesional, permitiéndote acceder a unos bienes mínimos como una vivienda, transporte, alimento, sanidad, ocio. Has realizado grandes sacrificios para conseguir mantener una familia, amistades y compañeros que te satisfagan personalmente. Te sientes orgulloso porque piensas que has llegado a la meta que te propusiste cuando eras joven: ser feliz y hacer feliz a los que te rodean.

Sin embargo, un día de esos que estás relajado en casa viendo la televisión, leyendo un libro u oyendo música, te das cuenta de que algo falta todavía, de que hay algo que no te deja dormir tranquilo y te haces la siguiente pregunta: yo estoy bien pero, ¿y los demás?  Increíblemente dejas de verlo todo de color rosa “conformismo y resignación” y pasa a adquirir una tonalidad gris “crítico y rebelde”. Pero, ¿qué es lo que falla? ¿Dónde está el error? Empiezas a buscar desesperadamente una respuesta, a fijarte en detalles; dejas de oír para empezar a escuchar, dejas de ver para empezar a escudriñar y dejas de aceptar para empezar a investigar. ¡Uff!, el mundo no era tan perfecto como pensabas. ¿Por qué?

Empiezas por darte cuenta de cómo se solucionan los conflictos en todo el mundo. Primero unos intereses económicos y políticos mundiales permiten el acceso a los Gobiernos de los países pobres de personajes nefastos, dictadores sin ninguna formación, fácilmente manipulables, a los que sólo les mueve su supervivencia personal y/o el odio agarrándose a unas supuestas convicciones ideológicas y/o religiosas, fanatismo a fin de cuentas, para defender su acceso al poder. Estos gobernantes reciben todo el apoyo económico y, sobre todo, armamentístico, de esos “intereses” para asaltar el poder arrasando a su propio pueblo y como consecuencia les dejan a deber muchos favores que posteriormente tendrán que devolverles en forma de permisos para explotar, devastar y endeudar sus países de por vida. Durante muchos años los países ricos les “reirán las gracias”, les harán los honores y les darán la mano sin ruborizarse, intentado aprovecharse de esa complacencia para  recibir un trato de preferencia. Estos países evitarán por todos los medios que los Organismos internacionales, que por otro lado ellos mismos controlan, puedan ejercer su función de control del Derecho internacional y del respeto a los Derechos Humanos en base a una burocratización elefantiásica que impida cualquier iniciativa en contra de sus intereses. Hasta tal punto de permitir el ejercicio del derecho a veto por parte de una minoría: los más poderosos. Pero siempre llega un día en que el dictador de turno acaricia tanto poder que empieza a convencerse de que ya no depende de los demás: deja de ser un “perro domesticado” para pasar a ser una “oveja descarriada”. Hay que darle una lección. Hay que buscar otro “personajillo” manipulable para sustituirle; éste ya no nos sirve. Y se vuelve a repetir una vez más la Historia (¿nunca os ha dado la sensación de estudiar una y otra vez lo mismo en esta asignatura?). Las consecuencias de todo ello las sufre el Pueblo, que sólo recibe tiros y bombas pero al que se le niega todo lo demás. Pueblos que no conocen lo que es la Democracia ni la Libertad y a los que ni siquiera se les da la oportunidad de pensar en ello porque se mueren de hambre, de cualquier enfermedad o de un tiro antes de que puedan hacerlo. ¿Tendrán alguna palabra en su idioma para definirlas? Y te preguntas: ¿por qué todo ese dinero que derrochamos en continúas guerras que no solucionan más que los bolsillos de unos pocos, lo dedicáramos en ayudas al desarrollo para esos países, a invertir en educación y sanidad, en desarrollo tecnológico e industrial, en facilitar la comercialización de sus productos, etc.? Es muy posible que si nosotros les ayudáramos a emanciparse, a desarrollar todo su potencial y a salir de su atolladero, ellos nos podrían ayudar a nosotros a salir del nuestro en los malos momentos. Entonces caes en la cuenta: yo formo parte de esa Sociedad que da cobertura a estas injusticias, ¿por qué lo permito?

Por otro lado comienzas a percatarte de que algo no va bien porque las decisiones de los políticos benefician sospechosamente siempre a los mismos, y no precisamente a los que más lo necesitan. Empiezan a insistir una y otra vez, desde tu Gobierno y desde organizaciones internacionales como la UE, la OCDE y el FMI, en que es necesario recortar los gastos para reducir el déficit del Estado. Que es necesario recuperar la confianza de los que nos prestan el dinero para mantener nuestro bienestar. Incluso se atreven a modificar la supuestamente inamovible Constitución, con urgencia y a espaldas de los ciudadanos, para conseguir tales fines. Nos intentan convencer de que la privatización de los servicios públicos favorecerá su competencia y disminuirá la carga que suponen para el Estado. Nos aconsejan año tras año moderar nuestros salarios para reducir las pérdidas de las empresas y fomentar con ello el crecimiento económico. Nos aseguran constantemente que flexibilizando la contratación, es decir haciéndola más precaria y a expensas del empresario, se favorece la creación de empresas y, por tanto, la generación de empleo. Suben constantemente los impuestos indirectos, que son los que afectan a todos los ciudadanos por igual, tengas los recursos que tengan. Pero curiosamente nadie habla de subir los impuestos redistributivos (IRPF, Patrimonio, Sociedades, Sucesiones) que son los que reparten las cargas fiscales en función de los beneficios y de la riqueza de las personas. Nadie defiende otro modelo en el que se favorezca el cambio del sistema productivo tan volátil y especulativo por otro más sólido y rentable, donde la inversión en Investigación e Innovación sean una prioridad. Ninguno menciona que los recortes de inversiones y salarios también impiden el crecimiento de la economía y por tanto la recuperación de la renta y el empleo. Resulta difícil oír a alguien reclamando también responsabilidad y esfuerzo a los empresarios e inversores, asegurando el pago de sus impuestos y reinvirtiendo gran parte de sus ganancias en la viabilidad de la empresa, no sólo en repartir dividendos y subirse sus ya de por sí elevados salarios. Te ocultan que la privatización de los servicios públicos lleva detrás una descarga de responsabilidades de los gobiernos, consintiendo la explotación de los trabajadores y la eliminación de los servicios no rentables pero igualmente necesarios. Observas que nadie quiere luchar sinceramente contra el fraude fiscal, los paraísos fiscales y la corrupción. Es más, los mismos partidos lo aceptan y lo justifican, asegurándose una protección desde la Justicia a través de la manipulación torticera de las Leyes y de la elección de los miembros de los Tribunales, tanto judiciales como de gobierno, esenciales para su funcionamiento. Y no sólo para protegerse ellos sino también a los poderes económicos y financieros de los que dependen. Y lo más curioso de todo es que los “Mercados”, que son los que defienden a ultranza el liberalismo económico, son los primeros que acceden a fondos públicos en momentos de dificultad, favorecido y apoyado por los políticos. Recapacitas sobre todo ello y empiezas a sospechar que quizás sí existen razones por las que los políticos pelean denodadamente por entrar en las listas electorales y conseguir un puesto de representación importante y destacado. ¿Por qué será que siendo su labor tan incomprendida y poco gratificante, como ellos afirman, no quieran dar a paso a caras nuevas con ideas e ilusiones renovadas? Odian la palabra “casta política” pero en el fondo les hechiza. Algo no te cuadra, ¿verdad?

En ese instante es cuando miras hacia ellos, hacia nuestros representantes, a las personas que has escogido para gobernar tu país. Quieres preguntarles para saber y entender, para poder juzgar. ¿Cómo puedo llegar a ellos? ¿Cómo puedo hacerles comprender que ese camino no puede ser el correcto? ¿Cómo puedo ayudarles para que se den cuenta del error? ¡Qué decepción cuando te das cuenta de que es imposible acceder a los que has elegido! Están encerrados en sus escaños, en sus palacetes, en sus mansiones; aislados de gran parte de la Sociedad a la que representan. Nunca podrán conocer tus inquietudes y, lo que es peor, probablemente nunca les interesen. Se reunirán con los grandes poderes económicos y financieros, con las cúpulas de poder militar, político y religioso, nacionales e internacionales, pero nunca sabrán quién eres tú. Siempre escucharán las voces que les gusta oír así como de las que realmente depende para mantenerse en su atalaya de poder. Espectaculares mítines y convenciones de Partido, trascendentales reuniones y Cumbres y fastuosas fiestas y comilonas: los ciudadanos lo sufragamos pero nunca asistiremos. Les embriagará tanto esa sensación de autoridad y de dominio que terminarán por despreciar las críticas u opiniones adversas, porque considerarán que no tiene la formación ni la información que ellos poseen: “No saben lo que dicen. Ya lo entenderán”. Es la manera con la siempre justificarán que no tiene sentido preguntar a la ciudadanía sobre temas tan complicados y gruesos, como son los que requiere gobernar un país, por lo que la figura del Referéndum consultivo, ni siquiera vinculante, dejará de tener sentido para ser sólo una figura constitucional sin función real. “Basta con consultarles si nos quieren en el Gobierno o no cada cuatro años”, afirmarán. Inevitablemente te viene un pensamiento a la cabeza: bueno, reconozcamos que ellos al menos se presentan a unas elecciones. No todos los cargos del Estado pueden decir lo mismo.

Entonces te empiezas a plantear que si no puedes acceder a ellos como ciudadano quizás debas hacerlo como político, quizás así te escuchen. Tu primera opción es dirigirte a uno de los partidos parlamentarios, el que ideológica y programáticamente más se acerca a tus convicciones. Pides humildemente, dentro de tus posibilidades, participar en sus deliberaciones y decisiones, colaborar en un cambio de la forma de hacer política, siendo leal a unos ideales, con honradez y honestidad, buscando la justicia y la solidaridad. Notas unas sonrisillas. Te miran con curiosidad y sorpresa. Parece que no entendieran lo que quieres explicarles. ¿Será que no me sé expresar? ¿Será que no sé todo lo que saben ellos? Debe ser que me falta experiencia, ¡claro! No, me dicen, es simplemente que no te pienses que por pensar así vas a llegar más lejos; nosotros estábamos antes. Ahora soy yo el que no entiendo. ¿A qué se refieren? Un día, por fin, caigo en la cuenta. ¡Qué desilusión! ¿Así que se trataba de eso? Intentas explicarles que no buscabas un puesto, ni pretendías un sitio en la lista,  ni ambicionabas un cargo. Pero ya es tarde, ya nadie te escucha. No es el momento de hablar de ideas, lo sentimos. En otro momento, por favor, me indican. Lo siento, les digo, nuestra Sociedad no puedo esperar. Me despido.

Te encuentras sólo, perdido y desorientado, sin experiencia ni conocimientos en el campo de la política. Pero tus proyectos, y tu ilusión por llevarlos a cabo, te llevan a recuperarte del golpe anterior y a lanzarte al vacío una vez más. Busquemos pues otra opción: creemos nuestro propio partido, desde el principio, desde la base, sin etiquetas. Vamos a hacerlo democrático, abierto a todos, donde todo el mundo pueda entrar, presentar y defender sus ideas y proyectos, debatirlos y votarlos en igualdad. Donde cualquiera pueda postularse como candidato a defenderlos en las Instituciones, pudiendo ser elegido por todas las bases, no sólo por unos representantes. ¡El esfuerzo merece la pena, chicos!

  • Primer obstáculo: careces de los recursos económicos y humanos de los que disponen los partidos tradicionales con representación, subvencionados por los ciudadanos y por poderes económicos y financieros. No importa, trabajaremos horas extra, nos dejaremos la piel y el sueldo, pero superaremos este impedimento.
  • Segundo obstáculo: los partidos parlamentarios se han dado prisa en modificar la Ley electoral para que los partidos que carecen de representación actualmente tengan que recoger avales en un número correspondiente al 0.1% del electorado en su Provincia para poder presentar las candidaturas. En grandes ciudades esto puede suponer tener que recoger al menos 4.500 firmas con fotocopias de DNI de los avalistas. No siendo suficiente con esto se aseguran de que el procedimiento para recogerlos y validarlos no se apruebe hasta el último instante para dar un margen de tiempo mínimo para poder conseguirlo. Da igual, buscaremos todos los mecanismos a nuestro alcance para poder cumplir con la Ley.
  • Tercer obstáculo. Somos desconocidos, nadie sabe de nuestra existencia. ¿Cómo podemos llegar a nuestros iguales? ¿Cómo podemos darles a conocer nuestras aspiraciones y nuestros objetivos? Por suerte hoy nos encontramos con Internet como medio de difusión de información libre y accesible a cualquier persona, exigiendo pocos recursos económicos y humanos. Sin embargo, todavía hoy, no es un medio de difusión utilizado por todo el mundo por diversas circunstancias y los medios tradicionales de difusión, prensa, radio y televisión, están controlados por los grandes partidos mayoritarios. En este punto caes en la cuenta de otro control más que ejercen los partidos políticos y los poderes económicos sobre la Democracia: son ellos los que conceden las licencias y los recursos para la creación de los medios de comunicación. Por lo tanto, estos se deben a sus exigencias y premisas, a sus condiciones e indicaciones; en resumen, trabajan bajo presiones y control. La primera consecuencia es la ausencia en estos medios de información de cualquier referencia relacionada con alternativas ciudadanas nuevas que naturalmente comprometen estos “intereses”; la segunda es la transformación que hemos venido observando de la información en opinión y que te hace desconfiar de todo y de todos. Empiezas a sentir una fuerte sensación de frustración e impotencia.
  • Cuarto obstáculo. Es posible que después de todas las zancadillas que has encontrado consigas organizar y llevar a las urnas a un nuevo partido político innovador en su concepción, organización y funcionamiento. Pero cuando llega el día de las votaciones y empiezas a ver los resultados, caes en la cuenta de que no había acabado todo; todavía faltaba una sorpresa más. La Ley electoral establece un sistema de circunscripciones y cálculos electorales que hace que la adjudicación de escaños beneficie claramente a los partidos más votados y a determinadas Regiones. Los votos en blanco y la abstención no cuentan como tales, sino que son utilizados por estos mismos partidos como si fueran suyos. A ti, con menos recursos y menos oportunidades, se te exige obtener un mayor número de votos que a los demás para poder conseguir un solo escaño. Curiosamente, esos mismos recursos y posibilidades que a ti te niegan son los que salen de tu bolsillo para esos mismos partidos que te lo niegan.
  • Obstáculo más doloroso. Es difícil saber en qué posición iría esta última dificultad pero es seguro que es el que deja peor sabor de boca y mayor sensación de impotencia. Intentas ayudar a organizar un partido diferente donde todo el que desee compartir su ideología y objetivos básicos tenga cabida. Nuestras diferencias se reducirán exclusivamente a cómo alcanzar nuestros objetivos y a cómo articularlo en un programa electoral que todos votaremos democráticamente para luego defenderlo como nuestro. Pero enseguida llegan los problemas: incapacidad de escuchar y falta de interés por comprender a los demás, intereses particulares y diferencias personales, desconfianzas, egoísmos, ¿sigo? ¡No puede ser, no me lo creo! ¿Cómo podemos defender algo en lo que no creemos? ¿En qué creemos entonces? ¿Cuáles son nuestros valores?

En este punto me gustaría hacer una reflexión. No debemos olvidar que los políticos no son seres de otra galaxia sino ciudadanos como nosotros, con nuestra cultura, educación y costumbres, con nuestras virtudes y defectos, con las mismas ambiciones, intereses y necesidades. Sólo les diferencia de nosotros, y no es poco, es verdad, en que acumulan mucho más poder en sus manos y sus acciones u omisiones tienen efectos sobre todos nosotros. Pero no es menos cierto que todo lo que hacemos o dejamos de hacer cada uno de nosotros tiene también consecuencias sobre todos los demás. No lo olvidemos.

Desesperado y decepcionado una vez más, te tomas un tiempo para pensar en todo ello. Para estudiar lo ocurrido e intentar no repetir errores. Reflexionas sobre qué otras alternativas te quedan. Son pocas y desesperadas, pero no te puedes quedar con los brazos cruzados. No te lo perdonarías. No quieres caer en lo mismo que les criticas. Así que un día un grupo de gente que, al igual que tú, también se ha dado cuenta de la involución que ha sufrido nuestra democracia, de la vuelta al Despotismo ilustrado (por el pueblo pero sin el pueblo), decide tomar la calle, ocupar lo que considera que es suyo, de todos. Y lo hace pacíficamente, con la única intención de gritarlo, de proclamarlo, de remover las conciencias y despertarlas, de sacarnos del letargo en el que vivimos. El movimiento surge ideológicamente limpio, ausente de vicios sociales y abierto a todas las formas de pensamiento. Quieres pensar que es así, no deseas desconfiar, no te interesa y no te importa. No derrochemos esfuerzos en eso, te dices. Así que decides unirte y apoyarlo con las pocas herramientas que nos dejan.

Un movimiento asambleario de estas características es muy complejo debido a la pluralidad de ideologías, edades, culturas, profesiones, etc. que engloba. Las decisiones son lentas, requiere mucha organización y paciencia, oír muchas voces antes de llegar a conclusiones. Pero es justo esto lo que le hace natural, espontáneo y enriquecedor. Habría un camino más sencillo que es recurrir a la violencia y a los disturbios, pero todos sabemos que son un atajo que, aun siendo más rápido, siempre es mucho más efímero ya que, por injustificable, el número de apoyos sería mínimo. Por otro lado genera muchas secuelas y odios difíciles de erradicar. Gandhi ya nos demostró que el camino pacífico es muy lento y requiere muchos sacrificios prolongados en el tiempo, pero el resultado es siempre más estable y robusto; deja raíces mucho más profundas en la población.

Somos pocos, es cierto. La mayoría de los ciudadanos te miran recelosos, extrañados e incluso molestos. Estás perturbando su rutina, su monotonía, su tranquilidad. No piensan que también estás luchando por sus derechos. Es más, te dirán que ellos no quieren que luches por ellos, que eres tú el que no les representas. Hay que respetar su postura y entenderla, de hecho tienen razón, pero ¿qué dirán cuando les pase a ellos? ¿A quién pedirán ayuda? Tal vez ya sea tarde porque habrán ayudado a ahogar un movimiento que peleaba por eso. Pero da igual porque ya habremos ganado en muchos sentidos. La educación en el respeto, en el diálogo, en la democracia participativa y toma de decisiones. La colaboración en grupo, el apoyo, la camaradería, la lealtad. Esto no se da en las mejores de las escuelas. La revolución definitiva de las Redes sociales como fuente libre de comunicación y de relación. Todo ello es algo que perdurará porque lo llevaremos dentro, lo contaremos y nos enorgulleceremos de haber participado. “Al menos por nosotros no quedó”, les diremos a nuestro hijos y nietos.

Entre tanto, a nuestros representantes se les llena la boca con las palabras legalidad, democracia, respeto al estado de derecho: ¿derecho de quién? Todos los días animando a la juventud a movilizarse por sus derechos, a participar en política, y ahora que por fin se deciden a ello, su única solución es sacar la policía a la calle. ¿Quiénes son entonces los intolerantes y marginados? A veces pienso que el día que por fin acabemos con el machismo y las mujeres lleguen definitivamente al poder en las mismas condiciones que los hombres, quizás su mayor sensibilidad e inteligencia permitan cambiar la perspectiva y reaccionar ante los errores cometidos. Aún estamos a tiempo.

Y para que esta carta tenga alguna utilidad me permito incluir una serie de enlaces que considero de interés. Pido disculpas de antemano por los que me pueda olvidar.

http://madrid.tomalosbarrios.net/

http://madrid.tomalaplaza.net/

http://arganzuela.tomalosbarrios.net/

http://es-es.facebook.com/Mov15M/

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¿La naturaleza humana?

Sé que lo que voy a describir a continuación les va a parecer a muchos una visión muy catastrofista de la realidad cotidiana pero lamentablemente es lo que uno se encuentra muchos días y, precisamente por eso, me gustaría que la gente recapacitara, cambiara y algún día pudieran considerarme un pesimista con razones fundadas. Voy a intentar describir un día laborable cualquiera en una ciudad alocada cualquiera. Soy consciente de que van a ser sólo unas pinceladas de la vida cotidiana intrascendentes, de “niño pijo acomodado”, pero esta carta no tendría fin si hablara de otros muchos aspectos de la realidad, con seguridad mucho más importantes que estos que paso a relatar.

Cuando uno sale de casa la primera sensación es de peligro. Peligro de ser atropellado por conductores imprudentes y egoístas que no respetan no ya sólo la luz amarilla de los semáforos ni siquiera la roja. Uno se encuentra rodeado de pitadas agresivas porque uno pasó antes que el otro, o porque nadie cede el paso al otro, o porque se entorpeció un cruce al pasar todos los vehículos con el semáforo en rojo, o por algo tan estúpido como que acaba de cambiar el semáforo al verde y no te ha dado tiempo ni a arrancar cuando ya te están pitando. Todo esto convenientemente adornado con insultos y los dedos de las manos que bailan juguetones al son de esos insultos, llegando incluso en muchas ocasiones a usar la violencia física. ¡Quién, hoy en día, puede pegarse por nada! Ninguna razón justifica la violencia. En otros casos sientes la sensación de peligro hacia otros peatones que, atolondrados o irreflexivos, tampoco respetan las normas.

Hemos andado suficiente y ahora subimos al transporte público. Empujones para entrar, para coger asiento antes que el otro, para poder subir y no quedarse en tierra. Gritos y de nuevo insultos no sólo entre ellos sino también entre ellos y el conductor, que tampoco es precisamente el “apaciguador”. Cuando ya hemos sido correctamente enlatados, uno inevitablemente escucha las conversaciones de la gente “soldada” a ti. Escuchas que están hablando mal de otras personas, de vecinos, compañeros de trabajo, de “amigos”, poniéndoles verde en su ausencia delante de otros, los cuáles es muy posible que hablen de ti más tarde cuando no estés presente; también mal por supuesto. Intentando no escuchar tales conversaciones te dedicas a pasar lo mejor posible el recorrido hasta tu trabajo oyendo la radio o leyendo el periódico: llega la hora de la frustración y la sensación de impotencia. ¿A quién creer? ¿Todas hablan realmente de las mismas noticias? Te das cuenta de que las maquillan, las manipulan e incluso llegan mentir, cada uno “arrimando el ascua a su sardina”. Y no culpo exclusivamente a los periodistas. También tienen culpa los representantes políticos, los personajes públicos, los empresarios, los trabajadores, todos nosotros, que no contamos nunca toda la verdad (eso como mal menor). Es entonces cuando, para intentar alcanzar la utópica sensación de estar informado, escuchas varias emisoras, lees diferentes periódicos, pero aún así siempre tienes la sensación de que nunca sabrás de verdad que pasa en tu país o en el resto del mundo.

Bajas del transporte público, estiras los músculos entumecidos, y te diriges a tu puesto de trabajo. Un puesto de trabajo que con mucha probabilidad no corresponde a lo que estudiaste o a lo que te gustaría desarrollar y para lo que sabes que tienes mucha capacidad y ganas. Esto súmalo a largas jornadas de trabajo por unos sueldos indignos a la espera de pensiones irrisorias. Así están la mayoría de tus compañeros de trabajo y, por supuesto, tus jefes también, a los que además nadie les ha enseñado a serlo en la mayoría de los casos. Se respira y se transmite la frustración, la tensión constante de qué es lo que ocurrirá hoy. No se sabe hacer la crítica o dar órdenes con espíritu constructivo y sin ánimo de hacer daño. Tampoco se sabe recibirlas y asumirlas como algo natural y positivo para uno mismo. Esa sensación de estar todo el día escogiendo las palabras de manera exquisita, utilizando la entonación precisa, con mimo, para que nadie se ofenda. La consecuencia son ambientes de trabajo tirantes e incómodos que repercuten en el rendimiento de los trabajadores y empresarios.

Ha concluido la jornada de trabajo, estás extenuado y toca revivir de vuelta al hogar todas las circunstancias ya mencionadas. Mientras cenas ves un poco la televisión con la esperanza de enterarte mejor en los telediarios de las noticias que no te habían quedado claras esta mañana. ¡Qué ingenuo! No sólo sientes una mayor desinformación sino que además sólo se destacan los aspectos más dramáticos, tristes y patéticos del mundo; hasta en la información deportiva se incide en muchas ocasiones en lo más gris del deporte. Frustrado cambias de canal empezando por ver los programas llamados “rosas”: gente insultando, gritándose todos a la vez, hablando de aspectos privados de la vida de ciertos personajes que sólo les deberían incumbir a ellos, y por los que se pagan cantidades exorbitadas de dinero. Indignado buscas los debates sobre temas de actualidad: los invitados cuentan cada uno una historia radicalmente distinta, nadie convence a nadie (tampoco nadie lo intenta), se faltan al respeto, el moderador se vuelve loco (eso cuando no es él el primer instigador de ello); en fin que acaba el debate y te quedas como estabas. Irritado buscas las teleseries: se desarrollan entorno a una serie de protagonistas entre los que se establecen unas relaciones basadas en el engaño, la picaresca, la burla, el cotilleo, los malos rollos, o sea destacando la mejor esencia del ser humano. Desesperado uno encuentra por fin un reportaje serio sobre la historia del hombre, pero uno se da cuenta de que está reducida a crónicas de guerras y batallas, abusos de poder, enriquecimientos y desigualdades sociales, fanatismos religiosos, filosóficos e ideológicos, etc. Así que uno termina apagándolo todo, sin ganas ya de oír música o de leer un libro, y se acuesta en la cama a “contar sus queridas ovejitas” sin miedo a que te insulten o te humillen.
¡Claro que hay una faceta generosa, solidaria, amable y comprensiva en el ser humano!, pero sinceramente hay que hurgar mucho para poder encontrarlas. Una de ellas es tu familia que siempre te espera con los brazos abiertos, con los hombros a tu entera disposición, todo oídos para ti, con absoluta generosidad e incondicionalidad, sin esperar nada a cambio. A pesar de esto uno siente que, estando rodeado de muchas personas como tú, en realidad te encuentras sólo ante el peligro, como en una isla. Y hay una sensación incluso peor, la de que tú seguramente eres y te comportas como ellos o aún peor, porque sólo “vemos la paja en el ojo ajeno”.

¿Tenemos solución? Espero con ansiedad el día en que pueda romper esta carta y escribir una nueva: optimista, alegre, radiante, esperanzadora. Tal y como está de moda decir ahora respecto de la lucha antiterrorista: “nunca hay que perder la esperanza pero no nos hagamos ilusiones”.
El desahogado

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Una autocrítica necesaria para reconocer el problema

Resulta muy difícil saber por dónde empezar cuando uno observa a su alrededor y se da cuenta del estado en que se encuentra nuestra sociedad, principalmente la española que es de la que podría conocer algo más. Soy una persona que me gusta ver cómo se comporta la gente, observando y analizando. Asimismo intento estar informado de la actualidad a través de todos los medios de comunicación que el tiempo me permite: radio, prensa y televisión de diferentes sensibilidades e ideologías. Algo que en principio debería ser positivo pero que sin embargo se convierte en un verdadero peligro personal ya que uno corre un riesgo serio de hundirse, desesperarse, tirar la toalla y terminar mirando para otro lado. Por desgracia, ¿o por suerte?, no hay un solo culpable; todos somos responsables. Y lo importante es que lo reconozcamos antes de que sea demasiado tarde, porque es casi imposible que un enfermo se cure si no es capaz de reconocer su enfermedad. La autocrítica es un paso imprescindible para poder ejercer una crítica justa.

LOS POLÍTICOS

Empecemos quizás por lo más evidente y lo que más fácil de criticar le resulta al ciudadano: los políticos. Es indiscutible que la imagen que están dando no es la mejor, por decirlo eufemísticamente. No estoy seguro si es por un exceso de celo profesional o por una falta de profesionalidad y formación. Hay que entender que muchos de ellos consideran (o les obligan a ello) que el partido es como un empresa, a la que hay que defender a “capa y espada”, por encima de todo y de todos, porque el puesto les va en ello. Por tanto, un exceso de celo profesional implica creerse sus propias mentiras para poder defenderlas con la máxima convicción y darles una mayor credibilidad. Pero por otra parte uno piensa que tal vez actúan como actúan por una falta de formación y profesionalidad, ya que son incapaces de dialogar, de defender sus ideas con respeto, de criticar constructivamente y no con ánimo de derribar al contrario sea como sea. La EDUCACIÓN es ante todo el arte de “saber escuchar”; de otro modo nunca podremos aprender. Debería exisitir una asignatura sólo dedicada a “Saber escuchar para comprender, para poder llegar a acuerdos, para sobrevivir”. Creo que sería una de las mas difíciles y a la vez apasionantes. A lo mejor es que nuestros políticos no han recibido esa educación tan necesaria para poder liderar una comunidad, un país.

Si a esto le sumamos que los temas de los que hablan, en un “diálogo de sordos”, no son precisamente los que deberían preocuparnos más, los que realmente van a permitir que nuestra sociedad perdure y progrese, “apaga y vámonos”. Aunque no estoy seguro de si esto último es así de verdad o somos nosotros mismos y los medios de comunicación los que favorecemos estos temas de actualidad. Otro aspecto no menos importante que influye en la imagen bien ganada de nuestros políticos es sin duda la corrupción. Es una consecuencia inevitable del poder y de la que no estamos exentos nosotros mismos, como comentaré más adelante. Aún peor es la incapacidad que tienen de aceptar que han sido descubiertos, de reconocer el “error” cometido, de dimitir, de devolver todo lo robado… ¡Qué admirable sería que al menos pidieran perdón, reconocieran los errores, que todos podemos cometer, y compensaran el daño causado! Un último aspecto que no quiero dejar pasar. ¿Por qué fomentan tanto el fanatismo y el dogmatismo: el religioso, el ideológico, el patriótico…? ¿No será que es más fácil esto; que requiere menos formación y menos esfuerzo defender un Sí o un No que explicar y entender los matices y puntos de vista del otro? ¿Y no seremos también nosotros responsables por dejarnos llevar tan fácimente por estos sentimientos tan irracionales y simples?

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Seguiremos con otro elemento fundamental que muchas veces se escapa “de rositas”, “a la chita callando”, de las críticas, escudándose en una autocrítica que nunca llega: los medios de comunicación. Junto con los “Mercados” y los jueces son el verdadero cuarto poder, sin duda. Es realmente desesperante, y sin duda una fuente de crispación, el no ser capaz nunca de discernir la realidad de la ficción y la verdad o medias verdades de la mentira, cuando uno atiende a diferentes medios de comunicación. Ya no existe la información y la opinión sino que ambas van íntimamente ligadas en cualquier noticia. No hay medios ni mejores y ni peores, no hay ninguno que se salve de la “quema”, ni siquiera por ser públicos o privados. Ninguno se puede llamar independiente u objetivo, por más que intenten recalcar una y otra vez lo contrario. Y no sólo hay que hablar de los insultos, en los que unos medios se amparan para criticar a los otros, sino especialmente de su profesionalidad, una vez más. Un buen profesional debería ser aquel que da la noticia como un relato de unos hechos, sin más; dando además todas las noticias, no sólo las que interesen en función de su ideología, afinidades o intereses. Un buen profesional del periodismo debería tener como máxima “mantener informados a los ciudadanos”.  Esto no quiere decir que no tengan derecho a dar su opinión, pero siempre en foros claramente definidos para tal fin, no disimulados entre la información y la noticia. Lamentablemente esto nunca es así. Por desgracia ellos también trabajan en empresas de las que dependen sus puestos. En este caso la responsabilidad puede que sea aún mayor de los directores y empresarios, así como de los periodistas de mayor prestigio que ya no tienen tanto que perder. Es una verdadera lástima ver hablar a los políticos en boca de los periodistas, sabiendo de antemano lo que van a decir según el medio de comunicación al que pertenecen.. Creo que favorece su desacreditación y falta de credibilidad. Deberían pensar en ello.

Pero la responsabilidad de los medios de comunicación va más allá. Su función no es sólo la información sino también el entretenimiento y la educación. ¡Qué lástima da ver y oir ciertas programaciones! Se cuentan con los dedos de la mano los programas de radio y televisión, tanto para niños como para mayores, donde su función sea la de educar en el respeto al otro, el diálogo, la búsqueda de la paz y la justicia, la superación de los problemas y de los obstáculos gracias a la ayuda mutua, educación para el ocio, para la igualdad, etc. ¿No suenan hasta cursis estas palabras? ¿Por qué será? Casi cualquier programa, noticiario, debate, documental, deporte, consurso, película, etc. lo encontramos plagado de violencia e intolerancia, recalcando siempre los aspectos más oscuros y tenebrosos de los hechos, incluso en programas aparentemente más inocentes como un documental de naturaleza o unos dibujos animados. En estos tres aspectos, información, entretenimiento y educación, se plantea una cuestión del tipo “¿quién es primero, el huevo o la gallina?”: ¿son los medios de comunicación los que establecen qué temas son de actualidad y cuáles son los que más preocupan a los ciudadanos, o qué programas son los de mayor éxito y a qué horas deben emitirse? ¿O por el contrario, sólo son un mero reflejo de lo que la sociedad demanda? Personalmente creo que los dos elementos son interdependientes, según los casos predomina uno u otro.

NOSOTROS, LOS CIUDADANOS

Y llegamos al punto que probablemente más me gusta porque supone el nivel de la autocrítica: los ciudadanos. Nosotros somos tan culpables, si no más, como los anteriormente citados. No olvidemos que los políticos y los periodistas no son más que ciudadanos como nosotros, reflejo de nuestras virtudes y defectos. Puede que con algo más de poder e instrumentos en su mano, pero en definitiva tan valientes y débiles como lo podemos ser nosotros. ¿Somos acaso mejores que ellos cuando robamos a nuestra empresa unos malditos lapiceros, unas malditas fotocopias, o realizamos llamadas telefónicas particulares; o cuando defraudamos a Hacienda, algo que por cierto está muy bien visto? ¿Quién es capaz de resistir la tentación de llevarse algo que a alguien se le ha olvidado o de no decir nada cuando se han equivocado en unas cuentas a nuestro favor? ¿Qué hacemos cuando nos dan poder sobre otros? ¿A quién no le gusta mandar y dominar sobre los demás? ¿Nos creemos de verdad con mejor categoría humana cuando miramos a otro lado ante la pobreza o ante una persona que necesita ayuda por la calle (me he visto en varias ocasiones en la situación de que alguién se caiga en la calle o que le están robando y ver que nadie, y digo bien, nadie, se acerce a ayudarle)? ¡Cuánto nos cuesta realizar diariamente cosas tan sencillas como es ceder un asiento, dejar pasar a alguien primero, no ensuciar tu ciudad, ahorrar agua y energía, etc., etc., etc.! ¿Cuántas veces no oimos decir: “ya vendrá otro a hacerlo”, “que lo sufra el siguiente”, “a mi no me afecta”…? ¿De verdad pensamos que sabemos dialogar mejor que nuestros políticos? Sólo hablamos, gritamos y hasta nos pegamos por defender nuestras ideas, pero nunca escuchamos ni intentamos entender al otro. Renegamos de nuestro políticos porque sólo hablan y actúan en función de lo que les da votos, pero yo me pregunto: ¿de dónde salen esos votos? A lo mejor no hablan de vivienda, bienestar social, problemas medioambientales, calidad de vida, etc. porque nosotros no votamos en función de eso y sí en función de todo lo demás, eso de lo que tanto decimos que nos provoca rechazo y cansancio.

Y, ¿cómo podemos exigir a los medios de comunicación que eduquen a nuestro hijos si somos nosotros los primeros que les descuidamos y nos despreocupamos de ellos? ¿Les seleccionamos, y nos seleccionamos en su presencia, la programación y el tiempo que le dedican y le dedicamos? ¿Dejamos de fumar y beber delante de ellos, o cruzamos correctamente los semáforos al menos cuando vamos con ellos, o conducimos con responsabilidad en su presencia? ¿Dialogamos con ellos o sólo les gritamos? Renegamos de nuestro medios de comunicación porque sólo programan en función de lo que les da audiencia y dinero, pero yo me pregunto: ¿de dónde salen los oyentes y los televidentes? A lo mejor programarían de otra manera si nosotros les empujáramos a ello, no atendiendo a ciertos programas o apagando directamente la televisión o la radio y dedicarlo a nuestro hijos, entre otras opciones. Echemos si no un vistazo a la publicidad: resulta ser siempre un certero bisturí que disecciona perfectamente la psicología de la sociedad en todo momento. En ella nos podremos ver reflejados con bastante frecuencia. Más les vale a los profesionales de este sector ya que su empleo les va en ello. Por cierto, no sé si se han dado cuenta que en el  apartado dedicado a nosotros mismos, los ciudadanos, no he hablado en ningún momento de que nuestro empleo dependa de nuestro comportamiento (al menos en los aspectos que he mencionado), cosa que si he indicado para los políticos y los periodistas. Esto nos debería hacer reflexionar aún más.

CONCLUSIONES FINALES

¿Y después de todo esto nos llevamos las manos a la cabeza porque hay crispación? Lo raro sería que nuestra mente limitada fuese capaz de soportar, asimilar y entender tanta debilidad. Lo peor de todo es que me queda la sensación de ver un horizonte al que sé que se puede llegar pero que nunca conseguimos alcanzar. Aún tenemos nuestra oportunidad y creo que deberíamos de ser capaces, pero por desgracia nuestra imperfección nos hace extremadamente lentos y tengo miedo de que no lleguemos a tiempo. La Naturaleza se agota, la injusticia crece y la desigualdad avanza. Nos volvemos impacientes, ¡todo es enorme, inalcanzable!, y al final podemos caer en la desolación, el pesimismo y finalmente en el entreguismo. ¿Podremos resistir? Lo hemos hecho hasta ahora pero ¿en qué condiciones? Nunca hay que perder la esperanza pero no me hago ilusiones. Al menos nos queda el derecho que acabo de ejercitar hoy: el de gritarlo.

Aprendamos a valorar lo que es realmente importante.

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