Ser una buena persona no es tan difícil

Soy consciente y asumo que estos párrafos pueden parecer una cursilería vacía y superficial de algún adolescente romántico y utópico, e incluso puede sonar a sermoneo estúpido y clerical. Sin embargo, me gustaría que algún día esto dejara de ser así y se percibiera más bien como una repetición sin sentido de algo ya sabido, de algo asumido como inherente a nuestra forma de comportarnos. Esto querrá decir que algo habrá cambiado y que, por fin, habremos pasado de ser meros animales evolucionados tecnológicamente a ser una nueva especie inteligente para la que ayudar a los demás no requerirá tanto esfuerzo.

Ojalá siempre ocurriera esto…

Os voy a enumerar algunas pautas que creo que nos podrían ayudar a ser buenas personas y, por ende, seres felices. Porque, aunque no lo creamos, ambos conceptos están altamente ligados.

1. No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti y trata los demás como te gustaría que te trataran a ti. Incluso iría un poco más allá: trata a los demás mejor de lo que creas que tú te mereces.

2. Ejerce tu libertad hasta donde llegue la de los demás. Que nunca el ejercicio de tu libertad trunque la de otros.

Estos dos primeros puntos son probablemente los más manidos pero no por ello han dejado de estar vigentes. Son dos reglas muy sencillas pero muy prácticas.

3 Ejercer la empatía es fundamental. Ponte siempre en el lugar del otro, te ayudará a comprender a pesar de que siempre lo interpretes desde tu perspectiva. Piensa que la otra persona también puede tener razón. Es más, todos tenemos nuestra parte de razón siempre y sólo tenemos diferentes criterios de apreciación e interpretación de la realidad. Tenemos que aprender a dialogar, a saber escuchar. Estamos acostumbrados a imponer a través de monólogos.

4 No pierdas el tiempo en quejas y lamentos. No conducen a nada. Valora todas tus experiencias, las positivas y las negativas, y úsalas para encontrar las soluciones más adecuadas para reforzar las unas y evitar las otras. Lo que realmente te dará satisfacciones es darte cuenta de que has sido capaz de resolver y de mejorar, de avanzar en definitiva.

5 No busques justificación para todas tus acciones. Mírate bien dentro, pregúntate de verdad, sé sincero contigo mismo. Sabes perfectamente cuándo lo estás haciendo bien y cuando no, no te engañes. Si tienes que cavilar mucho para encontrar una coartada para tus actos, sospecha, es mala señal.

6 Piensa que cuando ayudas a alguien, en el fondo lo estás haciendo por ti mismo ya que te permite sentirte bien. No esperes que la otra persona te lo agradezca; agradécele tú la oportunidad que te ha brindado de ser un poco más feliz ese día.

7 No midas nunca lo que te devuelven. Cuando hagas algo por alguien, bien hecho está, no esperes una aprobación de los demás ni esperes nada a cambio. El “altruismo anónimo” es mucho más satisfactorio.

8 Sin embargo, recuerda siempre todo lo que los demás te han dado y te darás cuenta de todo lo que debes. Es mucho. Eso te hará sentirte responsable.

9 Desconfía de los que están absolutamente seguros de todo y creen firmemente en sí mismos por encima de los demás, sin miedo al error. Estas personas tienen normalmente poca motivación por aprender y terminan quedándose estancadas en su propia realidad. Las personas que dudan de sus actos y de sus pensamientos mantienen una elevada capacidad de sorpresa y eso les estimula enormemente a estudiar, instruirse, cultivarse, a escuchar; generando una gran sensación de felicidad. Un libro que puede servir para entenderlo: “La asertividad, expresión de una sana autoestima“, de Olga Castanyer Mayer-Spiess.

10 Valora lo que tienes y lo que has logrado; no te obsesiones por lo que te falta y tienen los demás. Es bueno fijarse más en los que tienen menos que tú que en los que tienen más. No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. Este libro puede sernos muy útil para conseguirlo: “El arte de amargarse la vida“, de PAUL WATZLAWICK.

11 Sin embargo, la felicidad no implica conformismo; no te confundas, no se alcanza mirando para otro lado. No consientas nunca las injusticias, sobre todo si les afecta a los demás. Piénsalo bien: si los que te rodean no son felices, ¿puedes serlo, de verdad, tú también? ¡Qué satisfacción da conseguir algo justo por lo que has luchado! Y más aún cuando no necesariamente te favorece a ti ya que eso le ha dado más valor a tu lucha. E íntimamente ligado a la Justicia es la lucha por la Libertad de todas las personas. Sin la capacidad de decidir por uno mismo es muy complicado llegar a una felicidad plena. Una felicidad tutelada y virtual, ¿lo es realmente?

12 No intentes mezclar ideología, doctrinas, dogmatismos, prejuicios. Estos sólo te generarán frustración. No intentes colectivizar la felicidad. La felicidad es un concepto individual aunque, contradictoriamente, se pueda alcanzar con unas reglas tan generales como las mencionadas en este texto. Cree en lo que haces, con los matices que quieras, pero confía en ello independientemente de lo que piensen los demás, habiendo escuchado, entendido, comprendido y valorado su criterio. No permitas el tutelaje ni la manipulación. Nadie, ni siquiera tú, tiene la potestad de decidir lo que es correcto y lo que no. Nos une más nuestra biología que nuestra ideología.

13 Por último, si estás de acuerdo con lo expuesto aquí y decides poner en práctica al menos algunos de los puntos, hazlo sin pensar en lo que hagan o dejen de hacer los demás. Si caemos en este error divisaremos nuestros objetivos como una meta inalcanzable. Fijémonos exclusivamente en lo que hacemos nosotros, hagámoslo bien y, antes o después, ellos se unirán.

No tengamos la sensación de que cumplir con estos trece puntos supone ser algo así como un santo o un héroe, no es verdad. Ser buena gente es más fácil de lo que parece. Somos nosotros mismos quienes lo hacemos complicado. Los pequeños actos altruistas, generosos y bondadosos son los que provocan grandes cambios. El problema es que los plazos para que estos cambios puedan tener lugar son muy largos y esto nos hace verlo como algo imposible. Somos muchos y más fuertes de lo que creemos: podemos ser una plaga o una marea que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso, pero también podemos llegar a ser un muro de contención ante las injusticias y las adversidades. Sólo está en nuestras manos decidir el resultado. Y no nos engañemos a nosotros mismos, por favor: por mucho que nos queramos convencer, la maldad y el egoísmo nunca llevan consigo la felicidad. Son sólo el camino más fácil, pero en el fondo nos hace sentirnos insatisfechos e incompletos. Y lo peor es que antes o después llega el arrepentimiento, pero puede ser demasiado tarde para permitirnos alcanzar la felicidad a tiempo.

“El sermoneador”

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Acerca de csanchezmad

Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias (Mario Vargas Llosa). Sólo sé que no sé nada (Sócrates).
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7 respuestas a Ser una buena persona no es tan difícil

  1. César dijo:

    Esta entrada te ha quedado muy bien. Cada un o de los puntos se relacionan y sostienen entre ellos.
    Quizás, de alguna manera, no sé como, trataría de introducir que todo eso obedece o se relaciona con una armonía universal que fluye detrás de todo. El problema es que si le llamamos Dios se presta a confusión y peleas. Es algo así como una ley universal que hay que obedecer o estar percatado de ella para que las cosas funcionen.
    De verdad que me gustá esta entrada

    • Fermín Collantes dijo:

      ¡Anarquista! 🙂

      Todo lo que comentas se puede resumir aproximadamente en un concepto: SAO (Servicio a otros).
      La parte contrapuesta es el SAS (Servicio a sí mismo).

      Conseguir el SAS a través del SAO es la clave.

      El delaolla.

  2. Erika. dijo:

    Preciso 🙂

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