Mi historia como “perroflauta”

Has estudiado mucho para poder tener una formación profesional y cultural que te permita defenderte en la vida. Has trabajado duro para llegar a tener un empleo donde te pagan suficientemente por hacer una labor que te gusta, donde puedes realizarte como profesional, permitiéndote acceder a unos bienes mínimos como una vivienda, transporte, alimento, sanidad, ocio. Has realizado grandes sacrificios para conseguir mantener una familia, amistades y compañeros que te satisfagan personalmente. Te sientes orgulloso porque piensas que has llegado a la meta que te propusiste cuando eras joven: ser feliz y hacer feliz a los que te rodean.

Sin embargo, un día de esos que estás relajado en casa viendo la televisión, leyendo un libro u oyendo música, te das cuenta de que algo falta todavía, de que hay algo que no te deja dormir tranquilo y te haces la siguiente pregunta: yo estoy bien pero, ¿y los demás?  Increíblemente dejas de verlo todo de color rosa “conformismo y resignación” y pasa a adquirir una tonalidad gris “crítico y rebelde”. Pero, ¿qué es lo que falla? ¿Dónde está el error? Empiezas a buscar desesperadamente una respuesta, a fijarte en detalles; dejas de oír para empezar a escuchar, dejas de ver para empezar a escudriñar y dejas de aceptar para empezar a investigar. ¡Uff!, el mundo no era tan perfecto como pensabas. ¿Por qué?

Empiezas por darte cuenta de cómo se solucionan los conflictos en todo el mundo. Primero unos intereses económicos y políticos mundiales permiten el acceso a los Gobiernos de los países pobres de personajes nefastos, dictadores sin ninguna formación, fácilmente manipulables, a los que sólo les mueve su supervivencia personal y/o el odio agarrándose a unas supuestas convicciones ideológicas y/o religiosas, fanatismo a fin de cuentas, para defender su acceso al poder. Estos gobernantes reciben todo el apoyo económico y, sobre todo, armamentístico, de esos “intereses” para asaltar el poder arrasando a su propio pueblo y como consecuencia les dejan a deber muchos favores que posteriormente tendrán que devolverles en forma de permisos para explotar, devastar y endeudar sus países de por vida. Durante muchos años los países ricos les “reirán las gracias”, les harán los honores y les darán la mano sin ruborizarse, intentado aprovecharse de esa complacencia para  recibir un trato de preferencia. Estos países evitarán por todos los medios que los Organismos internacionales, que por otro lado ellos mismos controlan, puedan ejercer su función de control del Derecho internacional y del respeto a los Derechos Humanos en base a una burocratización elefantiásica que impida cualquier iniciativa en contra de sus intereses. Hasta tal punto de permitir el ejercicio del derecho a veto por parte de una minoría: los más poderosos. Pero siempre llega un día en que el dictador de turno acaricia tanto poder que empieza a convencerse de que ya no depende de los demás: deja de ser un “perro domesticado” para pasar a ser una “oveja descarriada”. Hay que darle una lección. Hay que buscar otro “personajillo” manipulable para sustituirle; éste ya no nos sirve. Y se vuelve a repetir una vez más la Historia (¿nunca os ha dado la sensación de estudiar una y otra vez lo mismo en esta asignatura?). Las consecuencias de todo ello las sufre el Pueblo, que sólo recibe tiros y bombas pero al que se le niega todo lo demás. Pueblos que no conocen lo que es la Democracia ni la Libertad y a los que ni siquiera se les da la oportunidad de pensar en ello porque se mueren de hambre, de cualquier enfermedad o de un tiro antes de que puedan hacerlo. ¿Tendrán alguna palabra en su idioma para definirlas? Y te preguntas: ¿por qué todo ese dinero que derrochamos en continúas guerras que no solucionan más que los bolsillos de unos pocos, lo dedicáramos en ayudas al desarrollo para esos países, a invertir en educación y sanidad, en desarrollo tecnológico e industrial, en facilitar la comercialización de sus productos, etc.? Es muy posible que si nosotros les ayudáramos a emanciparse, a desarrollar todo su potencial y a salir de su atolladero, ellos nos podrían ayudar a nosotros a salir del nuestro en los malos momentos. Entonces caes en la cuenta: yo formo parte de esa Sociedad que da cobertura a estas injusticias, ¿por qué lo permito?

Por otro lado comienzas a percatarte de que algo no va bien porque las decisiones de los políticos benefician sospechosamente siempre a los mismos, y no precisamente a los que más lo necesitan. Empiezan a insistir una y otra vez, desde tu Gobierno y desde organizaciones internacionales como la UE, la OCDE y el FMI, en que es necesario recortar los gastos para reducir el déficit del Estado. Que es necesario recuperar la confianza de los que nos prestan el dinero para mantener nuestro bienestar. Incluso se atreven a modificar la supuestamente inamovible Constitución, con urgencia y a espaldas de los ciudadanos, para conseguir tales fines. Nos intentan convencer de que la privatización de los servicios públicos favorecerá su competencia y disminuirá la carga que suponen para el Estado. Nos aconsejan año tras año moderar nuestros salarios para reducir las pérdidas de las empresas y fomentar con ello el crecimiento económico. Nos aseguran constantemente que flexibilizando la contratación, es decir haciéndola más precaria y a expensas del empresario, se favorece la creación de empresas y, por tanto, la generación de empleo. Suben constantemente los impuestos indirectos, que son los que afectan a todos los ciudadanos por igual, tengas los recursos que tengan. Pero curiosamente nadie habla de subir los impuestos redistributivos (IRPF, Patrimonio, Sociedades, Sucesiones) que son los que reparten las cargas fiscales en función de los beneficios y de la riqueza de las personas. Nadie defiende otro modelo en el que se favorezca el cambio del sistema productivo tan volátil y especulativo por otro más sólido y rentable, donde la inversión en Investigación e Innovación sean una prioridad. Ninguno menciona que los recortes de inversiones y salarios también impiden el crecimiento de la economía y por tanto la recuperación de la renta y el empleo. Resulta difícil oír a alguien reclamando también responsabilidad y esfuerzo a los empresarios e inversores, asegurando el pago de sus impuestos y reinvirtiendo gran parte de sus ganancias en la viabilidad de la empresa, no sólo en repartir dividendos y subirse sus ya de por sí elevados salarios. Te ocultan que la privatización de los servicios públicos lleva detrás una descarga de responsabilidades de los gobiernos, consintiendo la explotación de los trabajadores y la eliminación de los servicios no rentables pero igualmente necesarios. Observas que nadie quiere luchar sinceramente contra el fraude fiscal, los paraísos fiscales y la corrupción. Es más, los mismos partidos lo aceptan y lo justifican, asegurándose una protección desde la Justicia a través de la manipulación torticera de las Leyes y de la elección de los miembros de los Tribunales, tanto judiciales como de gobierno, esenciales para su funcionamiento. Y no sólo para protegerse ellos sino también a los poderes económicos y financieros de los que dependen. Y lo más curioso de todo es que los “Mercados”, que son los que defienden a ultranza el liberalismo económico, son los primeros que acceden a fondos públicos en momentos de dificultad, favorecido y apoyado por los políticos. Recapacitas sobre todo ello y empiezas a sospechar que quizás sí existen razones por las que los políticos pelean denodadamente por entrar en las listas electorales y conseguir un puesto de representación importante y destacado. ¿Por qué será que siendo su labor tan incomprendida y poco gratificante, como ellos afirman, no quieran dar a paso a caras nuevas con ideas e ilusiones renovadas? Odian la palabra “casta política” pero en el fondo les hechiza. Algo no te cuadra, ¿verdad?

En ese instante es cuando miras hacia ellos, hacia nuestros representantes, a las personas que has escogido para gobernar tu país. Quieres preguntarles para saber y entender, para poder juzgar. ¿Cómo puedo llegar a ellos? ¿Cómo puedo hacerles comprender que ese camino no puede ser el correcto? ¿Cómo puedo ayudarles para que se den cuenta del error? ¡Qué decepción cuando te das cuenta de que es imposible acceder a los que has elegido! Están encerrados en sus escaños, en sus palacetes, en sus mansiones; aislados de gran parte de la Sociedad a la que representan. Nunca podrán conocer tus inquietudes y, lo que es peor, probablemente nunca les interesen. Se reunirán con los grandes poderes económicos y financieros, con las cúpulas de poder militar, político y religioso, nacionales e internacionales, pero nunca sabrán quién eres tú. Siempre escucharán las voces que les gusta oír así como de las que realmente depende para mantenerse en su atalaya de poder. Espectaculares mítines y convenciones de Partido, trascendentales reuniones y Cumbres y fastuosas fiestas y comilonas: los ciudadanos lo sufragamos pero nunca asistiremos. Les embriagará tanto esa sensación de autoridad y de dominio que terminarán por despreciar las críticas u opiniones adversas, porque considerarán que no tiene la formación ni la información que ellos poseen: “No saben lo que dicen. Ya lo entenderán”. Es la manera con la siempre justificarán que no tiene sentido preguntar a la ciudadanía sobre temas tan complicados y gruesos, como son los que requiere gobernar un país, por lo que la figura del Referéndum consultivo, ni siquiera vinculante, dejará de tener sentido para ser sólo una figura constitucional sin función real. “Basta con consultarles si nos quieren en el Gobierno o no cada cuatro años”, afirmarán. Inevitablemente te viene un pensamiento a la cabeza: bueno, reconozcamos que ellos al menos se presentan a unas elecciones. No todos los cargos del Estado pueden decir lo mismo.

Entonces te empiezas a plantear que si no puedes acceder a ellos como ciudadano quizás debas hacerlo como político, quizás así te escuchen. Tu primera opción es dirigirte a uno de los partidos parlamentarios, el que ideológica y programáticamente más se acerca a tus convicciones. Pides humildemente, dentro de tus posibilidades, participar en sus deliberaciones y decisiones, colaborar en un cambio de la forma de hacer política, siendo leal a unos ideales, con honradez y honestidad, buscando la justicia y la solidaridad. Notas unas sonrisillas. Te miran con curiosidad y sorpresa. Parece que no entendieran lo que quieres explicarles. ¿Será que no me sé expresar? ¿Será que no sé todo lo que saben ellos? Debe ser que me falta experiencia, ¡claro! No, me dicen, es simplemente que no te pienses que por pensar así vas a llegar más lejos; nosotros estábamos antes. Ahora soy yo el que no entiendo. ¿A qué se refieren? Un día, por fin, caigo en la cuenta. ¡Qué desilusión! ¿Así que se trataba de eso? Intentas explicarles que no buscabas un puesto, ni pretendías un sitio en la lista,  ni ambicionabas un cargo. Pero ya es tarde, ya nadie te escucha. No es el momento de hablar de ideas, lo sentimos. En otro momento, por favor, me indican. Lo siento, les digo, nuestra Sociedad no puedo esperar. Me despido.

Te encuentras sólo, perdido y desorientado, sin experiencia ni conocimientos en el campo de la política. Pero tus proyectos, y tu ilusión por llevarlos a cabo, te llevan a recuperarte del golpe anterior y a lanzarte al vacío una vez más. Busquemos pues otra opción: creemos nuestro propio partido, desde el principio, desde la base, sin etiquetas. Vamos a hacerlo democrático, abierto a todos, donde todo el mundo pueda entrar, presentar y defender sus ideas y proyectos, debatirlos y votarlos en igualdad. Donde cualquiera pueda postularse como candidato a defenderlos en las Instituciones, pudiendo ser elegido por todas las bases, no sólo por unos representantes. ¡El esfuerzo merece la pena, chicos!

  • Primer obstáculo: careces de los recursos económicos y humanos de los que disponen los partidos tradicionales con representación, subvencionados por los ciudadanos y por poderes económicos y financieros. No importa, trabajaremos horas extra, nos dejaremos la piel y el sueldo, pero superaremos este impedimento.
  • Segundo obstáculo: los partidos parlamentarios se han dado prisa en modificar la Ley electoral para que los partidos que carecen de representación actualmente tengan que recoger avales en un número correspondiente al 0.1% del electorado en su Provincia para poder presentar las candidaturas. En grandes ciudades esto puede suponer tener que recoger al menos 4.500 firmas con fotocopias de DNI de los avalistas. No siendo suficiente con esto se aseguran de que el procedimiento para recogerlos y validarlos no se apruebe hasta el último instante para dar un margen de tiempo mínimo para poder conseguirlo. Da igual, buscaremos todos los mecanismos a nuestro alcance para poder cumplir con la Ley.
  • Tercer obstáculo. Somos desconocidos, nadie sabe de nuestra existencia. ¿Cómo podemos llegar a nuestros iguales? ¿Cómo podemos darles a conocer nuestras aspiraciones y nuestros objetivos? Por suerte hoy nos encontramos con Internet como medio de difusión de información libre y accesible a cualquier persona, exigiendo pocos recursos económicos y humanos. Sin embargo, todavía hoy, no es un medio de difusión utilizado por todo el mundo por diversas circunstancias y los medios tradicionales de difusión, prensa, radio y televisión, están controlados por los grandes partidos mayoritarios. En este punto caes en la cuenta de otro control más que ejercen los partidos políticos y los poderes económicos sobre la Democracia: son ellos los que conceden las licencias y los recursos para la creación de los medios de comunicación. Por lo tanto, estos se deben a sus exigencias y premisas, a sus condiciones e indicaciones; en resumen, trabajan bajo presiones y control. La primera consecuencia es la ausencia en estos medios de información de cualquier referencia relacionada con alternativas ciudadanas nuevas que naturalmente comprometen estos “intereses”; la segunda es la transformación que hemos venido observando de la información en opinión y que te hace desconfiar de todo y de todos. Empiezas a sentir una fuerte sensación de frustración e impotencia.
  • Cuarto obstáculo. Es posible que después de todas las zancadillas que has encontrado consigas organizar y llevar a las urnas a un nuevo partido político innovador en su concepción, organización y funcionamiento. Pero cuando llega el día de las votaciones y empiezas a ver los resultados, caes en la cuenta de que no había acabado todo; todavía faltaba una sorpresa más. La Ley electoral establece un sistema de circunscripciones y cálculos electorales que hace que la adjudicación de escaños beneficie claramente a los partidos más votados y a determinadas Regiones. Los votos en blanco y la abstención no cuentan como tales, sino que son utilizados por estos mismos partidos como si fueran suyos. A ti, con menos recursos y menos oportunidades, se te exige obtener un mayor número de votos que a los demás para poder conseguir un solo escaño. Curiosamente, esos mismos recursos y posibilidades que a ti te niegan son los que salen de tu bolsillo para esos mismos partidos que te lo niegan.
  • Obstáculo más doloroso. Es difícil saber en qué posición iría esta última dificultad pero es seguro que es el que deja peor sabor de boca y mayor sensación de impotencia. Intentas ayudar a organizar un partido diferente donde todo el que desee compartir su ideología y objetivos básicos tenga cabida. Nuestras diferencias se reducirán exclusivamente a cómo alcanzar nuestros objetivos y a cómo articularlo en un programa electoral que todos votaremos democráticamente para luego defenderlo como nuestro. Pero enseguida llegan los problemas: incapacidad de escuchar y falta de interés por comprender a los demás, intereses particulares y diferencias personales, desconfianzas, egoísmos, ¿sigo? ¡No puede ser, no me lo creo! ¿Cómo podemos defender algo en lo que no creemos? ¿En qué creemos entonces? ¿Cuáles son nuestros valores?

En este punto me gustaría hacer una reflexión. No debemos olvidar que los políticos no son seres de otra galaxia sino ciudadanos como nosotros, con nuestra cultura, educación y costumbres, con nuestras virtudes y defectos, con las mismas ambiciones, intereses y necesidades. Sólo les diferencia de nosotros, y no es poco, es verdad, en que acumulan mucho más poder en sus manos y sus acciones u omisiones tienen efectos sobre todos nosotros. Pero no es menos cierto que todo lo que hacemos o dejamos de hacer cada uno de nosotros tiene también consecuencias sobre todos los demás. No lo olvidemos.

Desesperado y decepcionado una vez más, te tomas un tiempo para pensar en todo ello. Para estudiar lo ocurrido e intentar no repetir errores. Reflexionas sobre qué otras alternativas te quedan. Son pocas y desesperadas, pero no te puedes quedar con los brazos cruzados. No te lo perdonarías. No quieres caer en lo mismo que les criticas. Así que un día un grupo de gente que, al igual que tú, también se ha dado cuenta de la involución que ha sufrido nuestra democracia, de la vuelta al Despotismo ilustrado (por el pueblo pero sin el pueblo), decide tomar la calle, ocupar lo que considera que es suyo, de todos. Y lo hace pacíficamente, con la única intención de gritarlo, de proclamarlo, de remover las conciencias y despertarlas, de sacarnos del letargo en el que vivimos. El movimiento surge ideológicamente limpio, ausente de vicios sociales y abierto a todas las formas de pensamiento. Quieres pensar que es así, no deseas desconfiar, no te interesa y no te importa. No derrochemos esfuerzos en eso, te dices. Así que decides unirte y apoyarlo con las pocas herramientas que nos dejan.

Un movimiento asambleario de estas características es muy complejo debido a la pluralidad de ideologías, edades, culturas, profesiones, etc. que engloba. Las decisiones son lentas, requiere mucha organización y paciencia, oír muchas voces antes de llegar a conclusiones. Pero es justo esto lo que le hace natural, espontáneo y enriquecedor. Habría un camino más sencillo que es recurrir a la violencia y a los disturbios, pero todos sabemos que son un atajo que, aun siendo más rápido, siempre es mucho más efímero ya que, por injustificable, el número de apoyos sería mínimo. Por otro lado genera muchas secuelas y odios difíciles de erradicar. Gandhi ya nos demostró que el camino pacífico es muy lento y requiere muchos sacrificios prolongados en el tiempo, pero el resultado es siempre más estable y robusto; deja raíces mucho más profundas en la población.

Somos pocos, es cierto. La mayoría de los ciudadanos te miran recelosos, extrañados e incluso molestos. Estás perturbando su rutina, su monotonía, su tranquilidad. No piensan que también estás luchando por sus derechos. Es más, te dirán que ellos no quieren que luches por ellos, que eres tú el que no les representas. Hay que respetar su postura y entenderla, de hecho tienen razón, pero ¿qué dirán cuando les pase a ellos? ¿A quién pedirán ayuda? Tal vez ya sea tarde porque habrán ayudado a ahogar un movimiento que peleaba por eso. Pero da igual porque ya habremos ganado en muchos sentidos. La educación en el respeto, en el diálogo, en la democracia participativa y toma de decisiones. La colaboración en grupo, el apoyo, la camaradería, la lealtad. Esto no se da en las mejores de las escuelas. La revolución definitiva de las Redes sociales como fuente libre de comunicación y de relación. Todo ello es algo que perdurará porque lo llevaremos dentro, lo contaremos y nos enorgulleceremos de haber participado. “Al menos por nosotros no quedó”, les diremos a nuestro hijos y nietos.

Entre tanto, a nuestros representantes se les llena la boca con las palabras legalidad, democracia, respeto al estado de derecho: ¿derecho de quién? Todos los días animando a la juventud a movilizarse por sus derechos, a participar en política, y ahora que por fin se deciden a ello, su única solución es sacar la policía a la calle. ¿Quiénes son entonces los intolerantes y marginados? A veces pienso que el día que por fin acabemos con el machismo y las mujeres lleguen definitivamente al poder en las mismas condiciones que los hombres, quizás su mayor sensibilidad e inteligencia permitan cambiar la perspectiva y reaccionar ante los errores cometidos. Aún estamos a tiempo.

Y para que esta carta tenga alguna utilidad me permito incluir una serie de enlaces que considero de interés. Pido disculpas de antemano por los que me pueda olvidar.

http://madrid.tomalosbarrios.net/

http://madrid.tomalaplaza.net/

http://arganzuela.tomalosbarrios.net/

http://es-es.facebook.com/Mov15M/

http://es-es.facebook.com/pages/Asamblea-Popular-de-Arganzuela/121834224566253

https://n-1.cc/

http://www.livestream.com/spanishrevolutionsol

http://solatinvestigacion.wordpress.com/

http://www.facebook.com/pages/MAESTROS-Y-PROFESORES-EN-ACCI%C3%93N/155382334546127?ref=ts

http://www.democraciarealya.es/

http://www.democraciaparticipativa.es/

http://www.juventudsinfuturo.net/

http://www.attac.es/

http://www.yoavalo.org/

http://demochoice.org/

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NOSOTROS LO ESTAMOS INTENTADO… ¿QUIERES UNIRTE?

¡NO TE ARREPENTIRÁS!

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Acerca de csanchezmad

Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias (Mario Vargas Llosa). Sólo sé que no sé nada (Sócrates).
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Una respuesta a Mi historia como “perroflauta”

  1. César dijo:

    Amigo catastrofista;
    Excelentes puntos de vista. Se vé que te preocupas por la sociedad en general y por la inmediata.
    Te felicito.
    No eres tan catastrofista como quieres parecer.
    En ese camino de lucha estamos unos cuantos.

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