Una autocrítica necesaria para reconocer el problema

Resulta muy difícil saber por dónde empezar cuando uno observa a su alrededor y se da cuenta del estado en que se encuentra nuestra sociedad, principalmente la española que es de la que podría conocer algo más. Soy una persona que me gusta ver cómo se comporta la gente, observando y analizando. Asimismo intento estar informado de la actualidad a través de todos los medios de comunicación que el tiempo me permite: radio, prensa y televisión de diferentes sensibilidades e ideologías. Algo que en principio debería ser positivo pero que sin embargo se convierte en un verdadero peligro personal ya que uno corre un riesgo serio de hundirse, desesperarse, tirar la toalla y terminar mirando para otro lado. Por desgracia, ¿o por suerte?, no hay un solo culpable; todos somos responsables. Y lo importante es que lo reconozcamos antes de que sea demasiado tarde, porque es casi imposible que un enfermo se cure si no es capaz de reconocer su enfermedad. La autocrítica es un paso imprescindible para poder ejercer una crítica justa.

LOS POLÍTICOS

Empecemos quizás por lo más evidente y lo que más fácil de criticar le resulta al ciudadano: los políticos. Es indiscutible que la imagen que están dando no es la mejor, por decirlo eufemísticamente. No estoy seguro si es por un exceso de celo profesional o por una falta de profesionalidad y formación. Hay que entender que muchos de ellos consideran (o les obligan a ello) que el partido es como un empresa, a la que hay que defender a “capa y espada”, por encima de todo y de todos, porque el puesto les va en ello. Por tanto, un exceso de celo profesional implica creerse sus propias mentiras para poder defenderlas con la máxima convicción y darles una mayor credibilidad. Pero por otra parte uno piensa que tal vez actúan como actúan por una falta de formación y profesionalidad, ya que son incapaces de dialogar, de defender sus ideas con respeto, de criticar constructivamente y no con ánimo de derribar al contrario sea como sea. La EDUCACIÓN es ante todo el arte de “saber escuchar”; de otro modo nunca podremos aprender. Debería exisitir una asignatura sólo dedicada a “Saber escuchar para comprender, para poder llegar a acuerdos, para sobrevivir”. Creo que sería una de las mas difíciles y a la vez apasionantes. A lo mejor es que nuestros políticos no han recibido esa educación tan necesaria para poder liderar una comunidad, un país.

Si a esto le sumamos que los temas de los que hablan, en un “diálogo de sordos”, no son precisamente los que deberían preocuparnos más, los que realmente van a permitir que nuestra sociedad perdure y progrese, “apaga y vámonos”. Aunque no estoy seguro de si esto último es así de verdad o somos nosotros mismos y los medios de comunicación los que favorecemos estos temas de actualidad. Otro aspecto no menos importante que influye en la imagen bien ganada de nuestros políticos es sin duda la corrupción. Es una consecuencia inevitable del poder y de la que no estamos exentos nosotros mismos, como comentaré más adelante. Aún peor es la incapacidad que tienen de aceptar que han sido descubiertos, de reconocer el “error” cometido, de dimitir, de devolver todo lo robado… ¡Qué admirable sería que al menos pidieran perdón, reconocieran los errores, que todos podemos cometer, y compensaran el daño causado! Un último aspecto que no quiero dejar pasar. ¿Por qué fomentan tanto el fanatismo y el dogmatismo: el religioso, el ideológico, el patriótico…? ¿No será que es más fácil esto; que requiere menos formación y menos esfuerzo defender un Sí o un No que explicar y entender los matices y puntos de vista del otro? ¿Y no seremos también nosotros responsables por dejarnos llevar tan fácimente por estos sentimientos tan irracionales y simples?

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Seguiremos con otro elemento fundamental que muchas veces se escapa “de rositas”, “a la chita callando”, de las críticas, escudándose en una autocrítica que nunca llega: los medios de comunicación. Junto con los “Mercados” y los jueces son el verdadero cuarto poder, sin duda. Es realmente desesperante, y sin duda una fuente de crispación, el no ser capaz nunca de discernir la realidad de la ficción y la verdad o medias verdades de la mentira, cuando uno atiende a diferentes medios de comunicación. Ya no existe la información y la opinión sino que ambas van íntimamente ligadas en cualquier noticia. No hay medios ni mejores y ni peores, no hay ninguno que se salve de la “quema”, ni siquiera por ser públicos o privados. Ninguno se puede llamar independiente u objetivo, por más que intenten recalcar una y otra vez lo contrario. Y no sólo hay que hablar de los insultos, en los que unos medios se amparan para criticar a los otros, sino especialmente de su profesionalidad, una vez más. Un buen profesional debería ser aquel que da la noticia como un relato de unos hechos, sin más; dando además todas las noticias, no sólo las que interesen en función de su ideología, afinidades o intereses. Un buen profesional del periodismo debería tener como máxima “mantener informados a los ciudadanos”.  Esto no quiere decir que no tengan derecho a dar su opinión, pero siempre en foros claramente definidos para tal fin, no disimulados entre la información y la noticia. Lamentablemente esto nunca es así. Por desgracia ellos también trabajan en empresas de las que dependen sus puestos. En este caso la responsabilidad puede que sea aún mayor de los directores y empresarios, así como de los periodistas de mayor prestigio que ya no tienen tanto que perder. Es una verdadera lástima ver hablar a los políticos en boca de los periodistas, sabiendo de antemano lo que van a decir según el medio de comunicación al que pertenecen.. Creo que favorece su desacreditación y falta de credibilidad. Deberían pensar en ello.

Pero la responsabilidad de los medios de comunicación va más allá. Su función no es sólo la información sino también el entretenimiento y la educación. ¡Qué lástima da ver y oir ciertas programaciones! Se cuentan con los dedos de la mano los programas de radio y televisión, tanto para niños como para mayores, donde su función sea la de educar en el respeto al otro, el diálogo, la búsqueda de la paz y la justicia, la superación de los problemas y de los obstáculos gracias a la ayuda mutua, educación para el ocio, para la igualdad, etc. ¿No suenan hasta cursis estas palabras? ¿Por qué será? Casi cualquier programa, noticiario, debate, documental, deporte, consurso, película, etc. lo encontramos plagado de violencia e intolerancia, recalcando siempre los aspectos más oscuros y tenebrosos de los hechos, incluso en programas aparentemente más inocentes como un documental de naturaleza o unos dibujos animados. En estos tres aspectos, información, entretenimiento y educación, se plantea una cuestión del tipo “¿quién es primero, el huevo o la gallina?”: ¿son los medios de comunicación los que establecen qué temas son de actualidad y cuáles son los que más preocupan a los ciudadanos, o qué programas son los de mayor éxito y a qué horas deben emitirse? ¿O por el contrario, sólo son un mero reflejo de lo que la sociedad demanda? Personalmente creo que los dos elementos son interdependientes, según los casos predomina uno u otro.

NOSOTROS, LOS CIUDADANOS

Y llegamos al punto que probablemente más me gusta porque supone el nivel de la autocrítica: los ciudadanos. Nosotros somos tan culpables, si no más, como los anteriormente citados. No olvidemos que los políticos y los periodistas no son más que ciudadanos como nosotros, reflejo de nuestras virtudes y defectos. Puede que con algo más de poder e instrumentos en su mano, pero en definitiva tan valientes y débiles como lo podemos ser nosotros. ¿Somos acaso mejores que ellos cuando robamos a nuestra empresa unos malditos lapiceros, unas malditas fotocopias, o realizamos llamadas telefónicas particulares; o cuando defraudamos a Hacienda, algo que por cierto está muy bien visto? ¿Quién es capaz de resistir la tentación de llevarse algo que a alguien se le ha olvidado o de no decir nada cuando se han equivocado en unas cuentas a nuestro favor? ¿Qué hacemos cuando nos dan poder sobre otros? ¿A quién no le gusta mandar y dominar sobre los demás? ¿Nos creemos de verdad con mejor categoría humana cuando miramos a otro lado ante la pobreza o ante una persona que necesita ayuda por la calle (me he visto en varias ocasiones en la situación de que alguién se caiga en la calle o que le están robando y ver que nadie, y digo bien, nadie, se acerce a ayudarle)? ¡Cuánto nos cuesta realizar diariamente cosas tan sencillas como es ceder un asiento, dejar pasar a alguien primero, no ensuciar tu ciudad, ahorrar agua y energía, etc., etc., etc.! ¿Cuántas veces no oimos decir: “ya vendrá otro a hacerlo”, “que lo sufra el siguiente”, “a mi no me afecta”…? ¿De verdad pensamos que sabemos dialogar mejor que nuestros políticos? Sólo hablamos, gritamos y hasta nos pegamos por defender nuestras ideas, pero nunca escuchamos ni intentamos entender al otro. Renegamos de nuestro políticos porque sólo hablan y actúan en función de lo que les da votos, pero yo me pregunto: ¿de dónde salen esos votos? A lo mejor no hablan de vivienda, bienestar social, problemas medioambientales, calidad de vida, etc. porque nosotros no votamos en función de eso y sí en función de todo lo demás, eso de lo que tanto decimos que nos provoca rechazo y cansancio.

Y, ¿cómo podemos exigir a los medios de comunicación que eduquen a nuestro hijos si somos nosotros los primeros que les descuidamos y nos despreocupamos de ellos? ¿Les seleccionamos, y nos seleccionamos en su presencia, la programación y el tiempo que le dedican y le dedicamos? ¿Dejamos de fumar y beber delante de ellos, o cruzamos correctamente los semáforos al menos cuando vamos con ellos, o conducimos con responsabilidad en su presencia? ¿Dialogamos con ellos o sólo les gritamos? Renegamos de nuestro medios de comunicación porque sólo programan en función de lo que les da audiencia y dinero, pero yo me pregunto: ¿de dónde salen los oyentes y los televidentes? A lo mejor programarían de otra manera si nosotros les empujáramos a ello, no atendiendo a ciertos programas o apagando directamente la televisión o la radio y dedicarlo a nuestro hijos, entre otras opciones. Echemos si no un vistazo a la publicidad: resulta ser siempre un certero bisturí que disecciona perfectamente la psicología de la sociedad en todo momento. En ella nos podremos ver reflejados con bastante frecuencia. Más les vale a los profesionales de este sector ya que su empleo les va en ello. Por cierto, no sé si se han dado cuenta que en el  apartado dedicado a nosotros mismos, los ciudadanos, no he hablado en ningún momento de que nuestro empleo dependa de nuestro comportamiento (al menos en los aspectos que he mencionado), cosa que si he indicado para los políticos y los periodistas. Esto nos debería hacer reflexionar aún más.

CONCLUSIONES FINALES

¿Y después de todo esto nos llevamos las manos a la cabeza porque hay crispación? Lo raro sería que nuestra mente limitada fuese capaz de soportar, asimilar y entender tanta debilidad. Lo peor de todo es que me queda la sensación de ver un horizonte al que sé que se puede llegar pero que nunca conseguimos alcanzar. Aún tenemos nuestra oportunidad y creo que deberíamos de ser capaces, pero por desgracia nuestra imperfección nos hace extremadamente lentos y tengo miedo de que no lleguemos a tiempo. La Naturaleza se agota, la injusticia crece y la desigualdad avanza. Nos volvemos impacientes, ¡todo es enorme, inalcanzable!, y al final podemos caer en la desolación, el pesimismo y finalmente en el entreguismo. ¿Podremos resistir? Lo hemos hecho hasta ahora pero ¿en qué condiciones? Nunca hay que perder la esperanza pero no me hago ilusiones. Al menos nos queda el derecho que acabo de ejercitar hoy: el de gritarlo.

Aprendamos a valorar lo que es realmente importante.

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Acerca de csanchezmad

Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias (Mario Vargas Llosa). Sólo sé que no sé nada (Sócrates).
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Una respuesta a Una autocrítica necesaria para reconocer el problema

  1. Eugenio dijo:

    Estoy totalmente de acuerdo con este artículo. Es muy bueno reconocer nuestros propios errores
    e intentar rectificarlos, es humano y ejemplar, pero por desgracia, estamos en una Sociedad
    “Humana”, poco receptiva a esta ejemplaridad, en donde sólo prima el poder y el dinero, y esto ha sido así a traves de los siglos, por lo que el ser humano es un ejemplar imperfecto y dificil
    en el cambio que indica el artículo. ¡Ojala, individualmente pudieramos cambiar y hubiera un
    contagio en la Sociedad en que vivimos!,¡Eso sería magnífico!, pero existen infinidad de factores
    en la Sociedad que hacen cambiar a los seres humanos de ideario y motivación, debido precisamente a todos los defectos que también indica el artículo, con lo cual nos movemos en
    un “Circulo Vicioso Natural”, que impide esta utopía tan perfecta y equilibrada de la Sociedad.

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